La biomasa es una de las fuentes de energía más antiguas del mundo. Con ella, se aprovecha la materia orgánica de árboles y plantas, para quemarla. Así de sencillo. Pero además del uso tracional de hogares de leña, en la actualidad el sector se ha modernizado, buscando nuevos usos y combustibles.
Entre estas novedades están las nuevas estufas de pellets de madera prensada o de orujillo de aceituna, estufas automaticas y más limpias que además nos hacen ahorrar dinero en el gasto de calefacción del los hogares. Además, las empresas de generación de energía eléctrica también miran la biomasa como materia prima para efectuar la combustión en modernas centrales térmicas para generar electricidad. Y de esta manera se cierra un ciclo ecológico con verdadero ‘circuito cerrado’.
Los árboles aborben C02 para crecer; la biomasa generada se quema después, y el C02 emitido en esa combustión vuelve a ser absorbido por las hojas de los árboles en crecimiento, generando nueva materia orgánica mediante la fotosíntesis. Y en el entreacto, el calor obtenido sirve para producir vapor de agua que mueve una turbina de generación eléctrica.
Por otra parte, la biomasa, al contrario que los biocombustibles, no compiten en el mercado con la producción de alimentos. Se cultivan especies no alimentarias y donde no son rentables o viables otras producciones, y se obtiene al finbal electricidad completamente renovable. El sistema es ecológico y sostenible.
Ahora que crece el abandono de plantaciones de todo tipo de cultivos tradicionales, por falta de rentabilidad, envejecimiento de los agricultores y huida de los jóvenes a otras actividades, la opción de producir biomasa con fines energéticos tiene mucho porvenir. Los gobiernos apuntan en esta dirección, porque al mismo tiempo se mantiene verde el paisaje, se frena la erosión y se crean puestos de trabajo en el medio rural, frenando la despoblación. Estos cultivos exigen poco trabajo y son fáciles de emcanizar, por lo que una misma persona puede llevar sin problema grandes extensiones.
Así como están fructificando proyectos de aprovechamiento de la biomasa residual de los bosques, para generar electricidad al tiempo que se limpia el monte y se evitan incendios forestales, la biomasa cultivada va a a tener, a buen seguro, igual éxito.




